La digitalización del mundo físico ya es real

¿Quién no ha escuchado hablar hoy en día de “Internet de las Cosas”? El conocido término IoT (Internet of Things, en inglés) está en boca de todos bajo una definición simple y fácil de entender, pues no es más que la interconexión digital de los objetos cotidianos con internet.

Los datos nos dicen que el mercado IoT tendrá un ritmo de crecimiento del 31.7% anual entre 2014 y 2019 lo que supone que, en 2020, podrían existir entre 22.000 y 50.000 millones de dispositivos conectados a Internet.

En definitiva, la domótica está ya muy presente en nuestros hogares y vida diaria. Disponemos de persianas que suben o bajan según la luz del día, cafeteras que nos tienen el café recién hecho al levantarnos porque nuestro despertador se lo ha comunicado, o, sin ir más lejos, ¿cuántos de nosotros no tenemos ya la conocida pulsera para medir nuestra actividad física?

Esto solo son pequeños ejemplos de lo que IoT representa en la sociedad actual, pero la verdadera revolución está llegando con las conocidas Smart Cities.

La Red Española de Ciudades Inteligentes define a las Smart Cities como “aquellas que disponen de un sistema de innovación y de trabajo en red para dotar a las ciudades de un modelo de mejora de la eficiencia económica y política permitiendo el desarrollo social, cultural y urbano”.

¿Y qué significa esto? ¿Debe asustarnos el hecho de tener hogares y ciudades inteligentes? Bajo nuestro punto de vista, todo lo contrario, pues estas interconexiones suponen una mejora significativa en nuestra calidad de vida, desde mejorar nuestra seguridad hasta cuidar mejor y más de cerca nuestra salud.

Cuando hablamos de Smart City debemos pensar en todos los servicios que puede ofrecernos y en cómo harán nuestra vida mucho más cómoda con mejoras en el transporte público, el turismo, los servicios de emergencia, etc. En definitiva, un sinfín de sistemas trabajando por y para la comodidad de todos sus ciudadanos.

Vamos a fantasear un poco con algo que, paradójicamente, comienza a ser muy real.

Imaginaos viviendo en una Smart City donde los nuevos sistemas de construcción equipen todos los edificios con sensores inteligentes que se preocupen por el medioambiente estableciendo parámetros climáticos para medir su propia eficiencia energética. Se ha demostrado que estos sensores tienen la capacidad de reducir el consumo de energía entre un 20% y un 30%.

Se está avanzando en los contadores electrónicos con los que podremos controlar, mediante apps, el consumo de electricidad, gas y agua. Pensad en la posibilidad de capturar todos esos datos, analizarlos y sacar conclusiones de cara a una mejor gestión de nuestros gastos y, por consiguiente, un ahorro en nuestras facturas.

En lo que respecta a la conservación del medioambiente y a uno de los temas más preocupantes para cualquier ciudad, por la cantidad de residuos que generamos a diario, imaginad tener la capacidad de gestionar mejor los residuos urbanos a través de la recogida neumática de basura. Este sistema suministraría al municipio una gran cantidad de datos en tiempo real sobre la operación del servicio y estos podrían ser reutilizados para poner en marcha iniciativas que mejoren nuestra calidad de vida.

¿Y si vamos un paso más allá y pensamos en nuestro futuro y el de los nuestros? ¿No querrías un hogar que ayude a las personas mayores o con necesidades especiales? ¿Y si se conectaran con los centros de salud u hospitales para una respuesta más rápida en casos de emergencia? Serían medidas que nos aportarían tranquilidad y seguridad en nuestras viviendas.

Pero, pensemos también en nuestra empresa, pues con muchos de estos datos (se predice que en 2020 el 40% de todos los datos globales procederán de los dispositivos conectados a internet) se elaborarán estudios que nos permitirán predecir tendencias y ofrecer a nuestros clientes productos que se ajusten infinitamente mejor a sus necesidades. El 81% de las empresas afirman que IoT aporta valor si usamos la información correctamente y para ello son necesarias herramientas que nos ayuden a la lectura e interpretación de los datos recogidos y nos faciliten la toma de decisiones de nuestro negocio.

A raíz de esto, y viendo que cada día más objetos de los que usamos en nuestro día a día forman parte de IoT, llegará un momento en que todos esto de los hogares, empresas y ciudades inteligentes nos parezca tan normal como coger nuestro coche, ir al trabajo o hacer una llamada desde un teléfono móvil.

¿Nos encontramos ante la moderna Revolución Industrial?

Tendemos a pensar que este concepto es relativamente nuevo, pero no es así, desde hace unos 30 años se trabaja para conseguir que los objetos cotidianos sean más interactivos entre sí, que se relacionen de la manera más eficiente posible con las personas, que se conecten con la Red y que nos ofrezcan datos en tiempo real.

El mundo de drones, robots y otros artilugios que describió en su momento Julio Verne o ilustró Jean Marc Côté en 1889, ya no es necesario imaginarlo, pues podemos verlo y tocarlo. Ya es una realidad.